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RELACIÓN ENTRE PARTICIPACIÓN CIUDADANA E INTELIGENCIA

La palabra participación aparece en google siempre acompañada de algún adjetivo que la relaciona con la participación del ciudadano en asuntos públicos[1].

Cuando se hace referencia a inteligencia, según Wikipedia, el Diccionario de la Real Academia Española la define como la "capacidad para entender o comprender"[2].

Hace unos veinte años yo pensaba que los conceptos de participación ciudadana e inteligencia estaban íntimamente relacionados, porque consideraba que a mayor grado de inteligencia más interés en asuntos públicos, lo que acarreaba más participación ciudadana.

Mi opinión se fundamentaba en que una mayor inteligencia permite comprender la importancia y el impacto de lo público en lo privado. De allí que un ciudadano inteligente tuviera más incentivos a involucrarse en lo público. Sin embargo, los estudios que hice de economía hace unos diez años cambiaron en parte mi percepción.

La economía me ha enseñado que los seres humanos al tomar decisiones hacen un análisis de costo-beneficio y se basan en sus preferencias. Por ello, la participación de un ciudadano en asuntos públicos dependerá de los beneficios que pueda obtener y de los costos implicados en esa participación, así como en sus preferencias. La obra Freakonomics de Steven Levitt demuestra que, en efecto, para que un candidato político gane las elecciones, más allá de otros factores, es fundamental su carisma[3], porque este implica su capacidad de motivar, suscitar la admiración de sus seguidores, agradar o hacer favores[4].De allí que la selección de un candidato político no se base únicamente en la inteligencia, entendida como la capacidad de comprender o entender qué es lo que ofrece, sino en un análisis de costo-beneficio, influenciado en buena medida por los beneficios que como ciudadano se van a obtener en un corto plazo, que es el tiempo en que ese candidato va a estar en el poder. Esto se puede trasladar a la participación ciudadana y explicar el por qué un ciudadano participa en asuntos públicos o no.  

No obstante, si entendemos el concepto de inteligencia de una manera más amplia, como lo que se refiere a los procesos cognitivos de la mente humana y su interrelación, es decir, como conciencia[5], podría volver a pensarse que existe una relación directa entre inteligencia y participación. En efecto, sólo un ser humano realmente consciente entenderá la importancia y los beneficios que acarrea la participación en los asuntos públicos y sabrá seleccionar mejor a los candidatos políticos.

Aún así, siempre entrarán en juego la personalidad, fortalezas y debilidades del ciudadano. Por ello, los que no tienen fortaleza en ese campo y pueden procurar mayor bienestar en otros ámbitos, tampoco participarán más de tanto en asuntos públicos. En conclusión, la relación entre participación e inteligencia siempre será relativa y no contundente, es decir, el ser humano más inteligente no necesariamente será el que más participe en asuntos públicos.